¿Existe una relacion entre el incosciente colectivo, la astrologia y como se manifiesta la religion en el mundo atraves de la historia de la humanidad?
Interesante ¿no?
Extraído del libro sagrado y secreto de "Los grandes misterios ocultos" por Michael Dubbo.
El inconciente colectivo de Jung.
Cierta ocasión, un anciano esquizofrénico de Burgholzli que padecía de alucinaciones día y noche, dijo que veía al sol dotado de un pene y que cuando se movía producía el viento. Como sabemos, Jung estudiaba con cuidado los delirios de los pacientes y pasado un poco de tiempo Jung empezó a leer un libro de publicación reciente, en donde se hablaba de la liturgia (ceremonias) al antiguo dios del sol Mitra (un ejemplo claro de lo que Jung llamaba “sincronizidad”). El autor del libro señala que el viento es originado por un tubo que colgaba del sol, según se descubrió en forma reciente en un papiro griego. Debido a que el papiro fue descubierto en forma reciente y de que el libro era de reciente publicación también, se excluía la posibilidad de que el paciente lo hubiese leído. La única explicación que encontró Jung a este fenómeno es que existían símbolos universales (que llamó “arquetipos”) que pueden aparecer tanto en los mitos religiosos como en los delirios de los psicóticos. “Se comprobó que las coincidencias de este tipo no eran muy raras” (Ellemberger, 1976 p 795).
Entonces, si un psicótico que tiene por decirlo así “el inconciente a flor de piel” expresa en sus delirios símbolos de otras culturas y de otras épocas, es porque esos símbolos de alguna manera son universales y están presentes en un inconciente colectivo. “Una imagen dada o determinada palabra tienen el mismo significado para un chino que para un francés, sea cuales fueran su cultura y su categoría. También todas las leyendas de todos los tiempos y de todas las razas ofrecen símbolos idénticos [gracias al inconciente colectivo]” (Daco, 1986 p 223).
El inconciente colectivo es diferente al inconciente personal. El primero es como un reservorio de huellas heredadas del pasado ancestral del ser humano, que incluye la historia racial y la de sus antecesores pre humanos con carácter universal, posiblemente debido a la similitud en la estructura cerebral de todas las razas que obedecen a una evolución también común. Lo que se hereda son los arquetipos con la posibilidad de revivir las experiencias de las generaciones anteriores. El hombre, por ejemplo, teme a la oscuridad y a las serpientes, porque en algún momento sus antecesores tuvieron ese miedo. El inconciente personal, a diferencial del colectivo, es la parte de la mente inconciente que guarda las experiencias individuales vividas por el sujeto (Jung, 1997).
Los arquetipos, o los símbolos universales que están en el inconciente colectivo, sólo se revelan por las imágenes arquetípicas, susceptibles de llegar a la conciencia; así las imágenes arquetípicas son como un lenguaje universal de símbolos común a la humanidad que se manifiesta en los mitos de todos los pueblos.
Los arquetipos guardan una estrecha relación con la religión y con la astrología. Como ya se explicó, Jung estudió astrología y lo relacionó con el inconciente colectivo (y por tanto “introdujo” elementos de la astrología al psicoanálisis). Jung “No creía en la influencia causal de las estrellas sobre el destino del individuo, pero no rechazaba la posibilidad de que existieran relaciones sincrónicas” (Ellemberger, 1976 p 813).
La relación entre el inconciente colectivo, la astrología y la religión.
En 1952, Jung desarrolló un nuevo concepto que denominaría “sincronicidad”. Es un principio de conexión a-causal que descubrió al estudiar el pensamiento chino y que revelaba coincidencias significativas. El clásico ejemplo que pone Jung de la sincronicidad es el de una paciente suya que no podía avanzar mucho en su tratamiento debido a que era una persona muy racional; la paciente relataba un sueño a Jung en el que se le había regalado un escarabajo de oro cuando de repente un escarabajo vivo golpeó la ventana del consultorio. Jung lo tomó y se lo dio. La paciente dejó de ser tan racional debido a la impresión del suceso y avanzó mejor en su tratamiento (Ellemberger, 1976). Jung “Por ultimo se preguntó si la física moderna, tomando como punto de partida el principio del determinismo causal riguroso, no daría un paso adelante hacia el principio de sincronicidad” (Ellemberger, 1976 p 815). (En estricto sentido, el término de “sincronicidad” no se aparta mucho del término matemático de “correlación”. La correlación cuantifica cuando dos o más variables se presentan juntas, sin sostener que una de ellas cause u origine a las otras).
Jung encontró una correlación (o en sus términos “sincronicidad”) entre el simbolismo manejado por las religiones y el orden de los signos del zodiaco (Jung, C., 1997; Raynaud, S. 1987, 1988):
El orden natural de los signos del zodiaco son: Aries (el cordero), Tauro (el toro), Géminis (los gemelos), Cáncer (el cangrejo), Leo (el león), Virgo (la virgen), Libra (la balanza), Escorpión (representado por un escorpión o un águila), Sagitario (el centauro), Capricornio (el macho cabrio), Acuario (el hombre con el cántaro de agua) y Pisis (el pez).
Pues bien, al parecer la humanidad sigue “ciclos religiosos”, de aproximadamente dos mil años, que van en orden inverso al orden natural del zodiaco. En cada ciclo, o cambio de signo zodiacal, se cumplen transformaciones de la forma religiosa tradicional “No hay filosofías herméticas, sectas y religiones que no tengan bases sobre símbolos planetarios” (Raynaud, S. 1988 p 55).
Tomando como ejemplo los últimos cuatro ciclos religiosos tenemos que por ejemplo en la era simbolizada por “Géminis”, el aspecto religioso tomaría su base en el emblema del signo de los Gemelos y de ahí el mito simbólico de Adán y Eva.
Más tarde, en la era de “Tauro” (4320-2160 a. de C) se veía la adoración del Buey Apis en Egipto; la era de Tauro (el toro) se manifestó en la India con el respeto a las vacas, por ello también es que vemos en los libros sagrados de Krishna el símbolo del toro con mucha frecuencia. Al nacer la era de Aries (el carnero), Moisés (fundador de la era de Aries) hace un llamado a ya no adorar mas al “becerro de oro” en su regreso del monte Sinaí.
La era de “Aries” (el cordero) se inicia a partir del año 2160 a. de C. y se observa que en todo el antiguo testamento hace citas a los corderos: todos son pastores, se hace el sacrificio del cordero; el cuerno de un cordero es emblema entre los dioses Amonianos, el “schofar” de los hebreos, etc.
Es con la llegada de Cristo que se funda la era de “Pisis” (los peses). El simbolismo no se hace esperar: Jesucristo convierte a los pastores en pescadores (cambio simbólico de la era); hace la multiplicación de los peces; se hace alusión a las “pescas” milagrosas; los sermones cerca de las playas, etc. Los primeros cristianos se reconocían también entre ellos por un signo de contraseña que era el dibujo de dos pequeños “peces”; el símbolo del cristianismo es un pez y a los discípulos de Jesucristo se les conocían como los “pececillos”. Las catacumbas y numerosas Iglesias, conservan aún las pruebas de esa “coincidencia” de símbolos empleados. De las razones para que el Cristo Jesús sea llamado “Pez”, hay una especial en la que de la frase “Iesous Christos Theou Ios Soter” (Jesús Cristo nuestro Dios Salvador) se obtienen las iniciales: I–CH–TH–I–S, que forman la palabra griega “Peces” (Ichthis).
El Nazareno se ofrece como el ultimo “cordero” de Dios (por tanto clausura la era de Aries, el cordero); nace de una Virgen (Virgo, el signo opuesto a Pisis) y promete ya no regresar como “cordero” sino como “León” (León = Leo, signo opuesto al de Acuario, su regreso después de terminada la era de Pisis en la de Acuario).
Otro aspecto interesante del nuevo testamento (simbólico de la era de los Peces) es que Jesús tuvo doce discípulos (uno de cada signo), así como el Dios Horus de Egipto, tiene doce hijos. Esto tendría cierta relación con las doce horas para el día y doce horas para la noche; las doce tribus de Israel; los doce meses del año etc. Sumando los dos dígitos que componen el número doce y reduciéndolo a un solo se obtiene el numero tres, muy simbólico también dentro del cristianismo: Cuando nace Jesús, lo buscarían 3 reyes magos que a su vez le llevan tres regalos (oro, incienso y mirra); en la primera parte del los Evangelios, hay tres personajes principales: José, María y Jesús; cuando Jesús cumple doce años se pierde y es encontrado al tercer día entre los rabinos del templo; hace su vida publica a la edad de treinta años y dura su “misión” tres años; dice que él es capaz de destruir el templo y reconstruirlo en tres días; Pedro lo niega tres veces; es vendido por Judas, por la cantidad de treinta monedas de oro; después de la ultima cena, Jesús se retira a orar y lo acompañan tres discípulos (Pedro, Santiago y Juan). Los deja rezando y las tres veces que regresa los encuentra durmiendo; Cristo es apresado y llevado ante tres autoridades (el Sanedrín, después a Herodes y luego a Pilatos); acusan de tres delitos a Jesús: haber dicho que él iba a destruir el Templo, curar en sábado y por blasfemia al decir que él era el Mesías; Pilatos intenta tres formas de salvarlo: diciendo que no encontraba culpa en ese hombre, dando a escoger entre crucificar a Barrabas o a él y azotarlo para despertar piedad; rumbo al calvario, van tres personas: dos ex-prisioneros y Jesús; camino a su crucifixión, tiene tres caídas; en la cruz, le clavan tres clavos; una vez crucificado, Jesús pronuncia siete frases, tres de ellas estarán dirigidas al Padre: “Padre perdónalos que no saben lo que hacen”, “Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?” y “Padre en tus manos encomiendo mi espíritu”; al pie de la Cruz se encuentran tres Marías: su madre María, María de Cleofás (hermana de su madre) y María Magdalena; Jesús, resucita al tercer día.
Siguiendo con el simbolismo astrológico, vemos que el Dios Horus, de sus doce hijos, tres eran animales: un águila, un león y un toro (y agrega Jung, y uno con forma de humano); esto es porque son cuatro los signos fijos del zodiaco: Acuario (el hombre con un cántaro de agua), Leo (el león), Escorpión (simbolizado también por un águila) y Tauro (el toro). La gran esfinge de Gize repite esa misma simbología: tiene patas de león, cuerpo de toro, cabeza de humano y una pequeña cabeza de águila arriba de la misma. Jesús tiene también cuatro discípulos principales (que corresponden a los cuatro signos fijos de la astrología ya citados) que hacen los cuatro evangelios: Marcos (simbolizado por un león), Lucas (simbolizado por el toro), Juan (simbolizado por un águila) y el de Mateo que se simboliza por un hombre (símbolo de acuario).
Ante todas estas ideas, Freud respondería con innovadoras reflexiones, pero en algún aspecto un tanto incompletas. Por ejemplo, Freud también aborda la situación de los cuatro evangelios, pero se limita a decir: “Por otra parte, cada uno de los cuatro evangelistas cristianos tiene su animal predilecto” (Freud, 1939 p 82); esa “predilección” por un animal, no seria azarosa para Jung, según lo acabamos de exponer.
De las ideas de la escuela de Zurich, Freud respondería con una explicación que en grado sumo, tendrían como base una de las neurosis estudiada por el psicoanálisis, la neurosis obsesivo compulsiva, y el complejo de Edipo; ambos elementos serían los pilares para llegar al origen de la realidad psíquica. (En parte hay una especie de reinvidicación del complejo de Edipo, y la vida sexual infantil, de las que niega su existencia Jung).
Debido a que Freud en “Tótem y tabú” se auxilia, en la construcción de su teoría, de la neurosis obsesivo compulsiva, es bueno considerar también un caso especial tratado por Freud, de un paciente con dicha enfermedad: “El hombre de las ratas”; con la finalidad de poder hilar con mayor precisión lo expresado en el trabajo citado.